1.12.07

El prestidigitador

Aquella noche iba a ser su gran noche. No era un simple presentimiento, lo notaba de una forma casi física conforme ascendía por la escalinata que le conducía hasta el escenario y el público se rompía en aplausos a su espalda. Toda la vida había aguardado aquel momento, desde la primera vez que entró en un teatro. Escuchaba los bravos que le besaban desde los palcos y su cabeza se sentía arrastrada por el vértigo, por una borrachera que la llevaba en volandas hasta el centro de las tablas donde le aguardaba, en unos instantes, la ovación definitiva mientras se precipitaba el telón. Por fin todo se hizo silencio y oscuridad. Sólo un intenso foco iluminaba su silueta. Y, entonces, el prestidigitador, con unas grotescas palabras mágicas, la hizo desaparecer.