30.11.07

El mecánico

La primera vez que le ocurrió fue durante un sofocante día de verano. El calor y la grasa le impregnaban la cara y a duras penas lograba desatornillar la pieza averiada de aquel Citroën Dos Caballos. De repente, mientras buscaba entre sus herramientas una llave de doble caja, se sintió como transportado junto al casino de Cadaqués, recibiendo la brisa del mar en el rostro. Entiéndase bien. No es que evocara en su pensamiento aquella imagen. Es que, efectivamente, fue capaz de vivir aquel paisaje pese a encontrarse en un estrecho y asfixiante taller y hallarse, para mayor incomodidad, tumbado bajo la panza de aquel viejo coche. Unos días más tarde volvió a revivir la experiencia. Trataba de rescatar con una llave de trinquete un escurridizo tornillo de las entrañas de un Simca 1000, cuando de pronto se vio inmerso en un atasco que le dejó sumido en la más profunda ansiedad. Estos extraños hechos se fueron repitiendo de forma azarosa, hasta que, por fin, intuyó el origen de lo que estaba pasando. Sin duda, la unión exacta entre la llave precisa y el tornillo oportuno abría la puerta de una ignorada dimensión de la mecánica del automóvil que le permitía adentrarse por las situaciones y viajes en los que se habían encontrado aquellos vehículos. Aquella revelación le llevó a entregarse en cuerpo y alma a la búsqueda de las leyes combinatorias que obraban aquel fenómeno. Sus investigaciones parecían avanzar en la dirección correcta cuando descubrió que la aplicación de una llave en T sobre determinados tornillos del chasis de un Seat 600, le daba acceso a los furtivos encuentros amorosos acontecidos en los asientos traseros del coche. Por fin, un día estuvo convencido de que había dado con la clave, la regla definitiva que posibilitaría recorrer libremente todos los recuerdos acumulados por aquellas máquinas. Seguro, atacó con determinación las entrañas de un Renault 5 con su llave de bujías de 16 milímetros, cuando de imprevisto el auto se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana. Su cuerpo lo encontró a la mañana siguiente un camionero que sólo pretendía cambiar el aceite.