26.11.07

La playa

Cuando se despertó sintió el calor agradable del sol sobre sus párpados cerrados. Aquellos cálidos rayos eran como una caricia que le devolvía con su roce la vida. Hacía mucho tiempo que no se encontraba tan bien. Su cuerpo desnudo, tímidamente sudado, parecía atraer los diminutos granos de arena con la intensidad de una extraña fuerza de gravedad que les dejaba adheridos a sus muslos, su espalda, sus brazos, sus pechos. Humedeció sus labios con la lengua y notó el picor amable del salitre. Lentamente fue abriendo los ojos y respiró profundo, muy hondo, como si quisiera llenarse del susurro de olas rompiendo en la playa. Después, rebuscó en su bolsa, extrajo aquel revolver y disparó contra el vendedor de helados.