28.11.07
La maleta
Dobló su ropa con delicadeza. Siempre había sido descuidada haciendo el equipaje, sin embargo aquel día le sorprendía la meticulosa forma en que iba plegando las camisas, como si sus dedos creyeran que detrás de los cuellos almidonados aún pudiera encontrar algún eco de sus latidos. Después fue colocando cada pieza en la maleta grande: los pantalones al fondo, los jerséis de invierno encima; después la ropa interior a un lado, junto a sus zapatos marrones envueltos con papel de periódico para no ensuciar la chaqueta de aquel traje que se guardaba para los días de fiesta. Todavía no entendía por qué no había querido que lo enterraran con él, tal vez porque lo reservaba para la jornada de la Resurrección de las Almas. Luego subió la maleta hasta el techo del armario y se quedó unos minutos sentada en la cama. Por fin miró el reloj y vio que ya era tarde. Fue hasta el baño, se lavó la cara y se descubrió en el espejo. Después se pintó los labios y se marchó.