22.11.07

Lázaro cansado

Lazaro se sentó al borde del sendero. Miró sus pies llagados y ensangrentados, su ropa mugrienta. Estaba agotado. Llevaba vagando sin descanso mucho tiempo, había atravesado los mismos paisajes demasiadas veces, sin saber adónde ir, desorientado, sin rumbo fijo. Sólo porque alguien le dijo en una ocasión "levántate y anda". Hoy, tras años de recorrer caminos, Lázaro descubrió el placer de la desobediencia. Y se durmió.