25.11.07
La gota
Acababa de conciliar el sueño cuando aquella gota cayó con su precisa verticalidad matemática sobre el techo de uralita provocando un ruido paradójicamente seco. Cloc. Toda la noche, con una rítmica periodicidad, aquel minúsculo precipitar se mantuvo hasta los primeros rayos del sol. Cloc. Cloc. Cloc. Después enmudeció. Durante todo el día intentó en vano localizar el origen de la gotera. Recurrió luego a los más variados profesionales para tratar de encontrar la avería responsable de aquel tormento que le impedía conciliar el sueño. Fontaneros, aparejadores, arquitectos y zahoríes fueron pasando, uno a uno, por su casa. Pero todos fracasaron. E irremediablemente, con el crepúsculo, la gota repetía su tortuoso martilleo noche tras noche, semana tras semana y año tras año. Cloc. Cloc. Cloc. Desesperado, empleó las interminables horas en vela en intentar desentrañar el enigma que se escondía detrás de aquella nocturna lágrima chocando contra el tejado. Hasta que una noche, por fin, lo comprendió todo. Pero ni astrónomos ni astrólogos se lo creyeron.